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Según las noticias actuales que salen en Puerto Rico, casi la mitad de los que estudian en las universidades públicas terminan su bachillerato y apenas una tercera parte del total que ingresa a las universidades privadas, termina su carrera y consigue un diploma.

Cerca de 294 mil jóvenes de Puerto Rico estudian en la universidad en Puerto Rico, pero más de la mitad no terminan. Para terminar las malas noticias, sólo un 14% comienza un postgrado. Todo esto va dejando pistas sobre las estrategias que están aplicando las escuelas para desarrollar y potenciar los cerebros que serán el futuro del país.

Todo este fenómeno se podría explicar porque muchos ingresan a las universidades sin la intención real de estudiar, ya que casi no existen barreras de entrada en las universidades, dados los beneficios de la Beca Pell, que casi siempre paga el total de los costos. Cuando a la gente le cuesta obtener su diploma, se toma sus estudios en serio, pero en Puerto Rico, al igual que en muchos otros países, los jóvenes salen de la escuela presionados por sus padres para que continúen estudiando, aun cuando ellos no quieren hacerlo, o no saben lo que quieren estudiar realmente.

La otra cara de la moneda es la de aquellos chicos que si quieren estudiar, y por presiones económicas no pueden continuar con sus estudios, abandonando su carrera o reduciendo su carga académica, lo que les hace el proceso de obtener su diploma mucho más largo y doloroso.

Un dato que no deja de ser curioso, es el que aportan las autoridades de educación del país, al afirmar que las universidades están impartiendo carreras que no ofrecen futuro. Ese tema del futuro asegurado ya lo he leído tantas veces, y lo cierto es que un estudiante de lo que sea, si está entusiasmado con su carrera, seguramente luego de graduarse será también un entusiasta que trabajará en lo que le gusta y para lo que siente, tiene vocación. La voz del mercado es importante pero no determinante en la universalidad de las carreras, que deberían ser siempre a libre elección, atendiendo a llenar las necesidades emotivas de cada estudiante, y no haciendo de una carrera, un mero instrumento para lucrar. Ese es, creo, el peor error que podría cometer cualquier estudiante.

Vía/ Periodicolaperla