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Hay gente que cree que muy pronto podría acabar el mundo, y que piensan, en cómo debería hacerse para escapar del holocausto y sobrevivir.
Hace muchos años atrás, esto mismo le paso a un profesor de ingeniería aeroespacial de la Universidad de Princeton junto a su esposa, corredora de bolsa, cuando pensaron en qué lugar del mundo podría ser más segura ante una lluvia radiactiva.

Esta pareja de intelectuales, en los años 60 ya estaban preocupados de que pudiera originarse una guerra nuclear, y ahí empezaron a mirar los mapas, la dirección de los vientos y se les apareció Culebra, en Puerto Rico.

Muchos otros científicos comenzaron a llegar años después, atraídos por la isla y sus inventos originales, donde hubo gente que instaló fuentes de energía limpia al lado de una simple choza y comenzó a invitar amigos, que luego se enamoraron de la isla, y decidieron adquirir su segunda vivienda acá. Ahora la isla es una especie de instituto de estudios avanzados en el trópico.

Por las estrechas calles de Dewey, la única ciudad de la isla, se pueden ver pequeñas reuniones de yanquis isleños que exponen sobre temas geopolíticos, proyectos y otras cosas. Aquí la gente se puede levantar animada en la mañana conversando de física.

Flamenco Beach
recorre todo el extremo noroeste de la isla, mientras Rosario Beach muestra coloridos arrecifes de buceo. En el Refugio de Vida Silvestre de Culebra, anidan las tortugas marinas más grandes del mundo, mientras que Zoni Beach, tiene espectaculares vistas de los islotes más cercanos.

Hay quienes han construido sus casas trayendo materiales desde otros países, incorporando estilos griegos, o de gustos especiales, siempre con miras a ser originales y ecológicos. Con el paso de los años nos podemos dar cuenta que el desarrollo de Culebra tiene un origen bien explicado.

Vía/ Nytimes